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Cinco tajadas sobre la tabla de roble de las horas como rodajas.
Rodadas en la noche como halando las rutas de un racimo.
La pretención del viento no es el ventisquero. De las mangas del subte
en su hálito sucede Gímel como luna sin múltiplo ni cifra.
i i
Mar en la ilusión inmóvil de una postal de arena.
i i i
Rampante mi surf es no indagar con saberes la espuma de la llama.
Si la calma o una señal en los lugares.
Si el rescoldo pertenece a la ciudad o a las palabras de limón
que el cuerpo trae del agua.
i V
El hilillo de lino de pétalos de fresia.
V
¿Pequeña gota de miel
ya no sabes de mí
en torsión de sabor?
V i
¿Lengua de voz en papila
callada en la caricia?
V i i
¿Extrañar es el verbo que ata la antorcha en la mirada?
V i i i
El amor es un reloj de agua en la caverna.
Trocha sida que el porvenir desbarata con hebras.
Con estanque de arcilla en terraplen o la calle Talcahuano
en la mañana de la palabra.
i X
Los mensajes de texto
en pétalos de margaritas que el mismísimo Joyce
llegó a nombrar manzanas son la sombra.
Huellas de pez la luz en la ciudad del aire.
X
Parafraseo: no se largó a llover mientras pensaba.
El paraguas.
La enfermedad.
El diario en la ironía no perdura,
apenas siboga traducido.
X i
La agitación, lo uncido
no se deja nombrar
con los relámpagos.
Dejaré el ver
la calma
las palabras del otro
el silencio velador.
La distancia.
X i i
Hilvanar los subrayados y no surcir los reboques
con las propias paredes.
X i i i
Entelado en espera un afuera se surte sin antojos.
X i V
La noche es de cera de panal de piel de lo perfumes.
X V
De un puñado de arena que despierta del sueño.