Shabath Shalom que se encendió la siesta en el once.
Donde altura de la pantalla el calendario usamos para despabilar abrojos.
Usanza de criadero de ciudad; conmovida la charamusca el pasto el otoño.
Oxidadas las pocas hebras amuchadas en congojas sin lengua.
Allí sobre la intemperie en esta palangana o hangar o en esta esplanada
de la boliviandad, la peruanada y los gentilicios sin férula de la mitteleuropa
de la argentinidad menos parquizada: los filmes del bafici como una estirpe
sin forma donde la cola en fila india se desgrana.
Escribo porque mi tradición de ojo náutico estiba con las honzas sin pétalos
de las rosas de los vientos del mestizaje. Quienes en las raíces aguan los puentes sin dar pie con la fuente. Porque de plazas expuestas el asco transparente inoculó las vanguardias. Eso: van guardias!!!!
Escribo con la tinta estelar del haz.
Escribo sangre de luz de proyectores.
Escribo en los dígitos vacios caminados en las noches.
Allí donde el cielorraso emite el filme boca arriba
Y la fortuna es secreta como una cáscara de kiwi pelado en los andenes.
Y veo arrancándome las visceras.
Veo sin ranuras. Vouyerista de lo imperceptible
y traidor de toda mano atada
de la mirada donde lo obsceno se traduce.
Escritos de aire para borrar los gentilicios.
La siesta es este piélago, el verso del arado enclave del entierro de los adoquines bajo los sauces del abasto. Bajo ningúna otra gracia que el párpado del ver donde nadie dejase confundir con lo dicho.
Y sólo el silencio o el chistido para acopiar silencios de espectador domando las pasiones. Para callar para iniciar el viaje sin regreso ni vuelta.
El día de los brillos curte escamas
para alimentar la combustión de tiempo
que el descuento como ansiedad desgarra.
Miradas de eyección donde el único archipíelago
vierte
dentro
como batalla portátil, como guerra de placer que no le deja al enemigo
lo infinito y por eso renace.
Angel luciferino bajo un sauce de trazos.