EL CEMENTERIO DE DIAMANTE
¿Habéis pensado en la mirada de las flores?
Juan L. Ortiz
La ciudad de panteones bajos es provista; probidad y prestigio.
Pulido de Tiresias que siembra.
Cuando anida indistinto el polvo del cenit y la arcilla.
¿Habéis pensado en la mirada de las flores?
Juan L. Ortiz
La ciudad de panteones bajos es provista; probidad y prestigio.
Pulido de Tiresias que siembra.
Cuando anida indistinto el polvo del cenit y la arcilla.
Carece de ayes el aire cuando el ciruelo tizna el ver
O los sauces sosiegan lentejuelas de sol en la intemperie.
No son del cielo aquellos gentilicios
husos de lo reunido como de infancia.
Puente que de voz insufla nubes, lo celeste.
En el plano que ala tiende párpados,
la mirada de agua alza los dones en pájaros de pasto
vertidos por la hierba o sus vestigios.
El cielo es eso como ello, gajos de huella de inmanencia, lo que imanta.
“Peces de cima”
Héctor Viel Temperley
-Crawl, 1982-
Peces en el mar
que ensalma.
Silencio y blanca
esfera
desparramando
perlas
arena
y ánimo.
El agua
en las escamas
de afuera
sobre cubierta.
El arrojo
en cadenas
nada cifra
sòlo explanada,
cosas
del semestre sin puerto.
Pescados de sombra
ser la pócima de sed
la noche remota
que abrasa apenas agitada
las pateras.
La oscuridad sin sorbo.
Ahora sólo nido
insido
oriente y occidente
la siesta sin otra que columpie
o sopese
mensura y conste,
comité de relámpagos y dragones.
Ahora ni nieve
cóctel de un puente que logre empañadura
en las mamparas tuyas
en el cuerpo del sismo
o traído a la arena en sendero
sea del café
huella y leve hedor.
También oriente es un empacho.
También occidente es una gracia.
Debajo de los cardinales habla
una rosa de vientos de papel
a las distintas letras y el crujido.
Cardumen y jazmines.
También el agua que seda incendios garabatea
el soplo de los territorios
la distancia de lunes
en el tiempo sin ojo
varado como quilla
en la marea.
Final de la orilla
del paréntesis
donde hubo grullas
y las flotaciones no hilan ya
cuenco al madero
en la piel
con la voz del perfume.
Una estación equívoca, perfecta.
L.Santilli; 1992
i
Entre Cañada
de Gómez y Armstrong
cuando como esta tarde
hay que esperar
Terminal
la noche el bus
lo que amanece y el lechero
como esta noche ahora
el colectivo de novias y
escafandras
o el regreso el trabajo
entre mandaderos
cuando las barricadas no
eran de las cuatro
por cuatro
guardias blancas
azules.
Lo terrestre es la sed
que sin demora y don
junta el haber
lo hollado
a lo que resta
en inquietud.
i i
No sabía
sino por tanteos
que el corazón
también de empeine
su fluencia y flama
hojas de capullos
surtida
en blanco
halo
de Minerva
escribe.
La ciudad
atenuada
del viernes
diente de león
que suelta soplos.
i i i
No saber del
asombro
el ombligo brillante
degustación
y dicha.
Nido de lino
en luz
echado
en sombra
el cuerpo
del dios
que Up
del adiós
monta
y encabalga
perla
del nombre.