SAN TELMO
para Rebeca Madanes
La yunta donde tiempo y brisa es herbal.
Sorbo de lino.
Perfume de arroz y música de un palo de agua.
Ramajes de trayecto
nunca dicho y faena
donde lo visible
pertenece al río
y es desnudo.
Su alma drenaje de arena.
La tarde en la luz
de la calle Bolivar:
caminar sin otra imparidad
que la luna alcanforada por el sol.


Pour l'enfant, amoureux de cartes et d'estampes,
L'univers est égal à son vaste appétit.
Ah! que le monde est grand à la clarté des lampes!
Aux yeux du souvenir que le monde est petit!
Charles Baudelaire, “Le voyage”, Les fleurs du mal
Gracia y fragilidad de la simiente –lino, hierba, arroz.
Alimento de las calles que devoran el sur de la ciudad, barrio v.i.p. que atraviesa los i.n.r.i.s de sus antiguos habitantes, los viejos conventilleros y, más allá en el tiempo, incluso los relegados por la fiebre amarilla al límite de la civilización –sur del sur, y algunos bajo tierra de los parques públicos.
“San Telmo” atrapa ese espíritu doble faz de la ciudad. Leemos la “…faena/donde lo visible pertenece al río”, porque lo que se nos muestra es trofeo ganado por prepotencia desde Bolívar hacia el Bajo. Y en medio de ese camino –puro artificio imaginario que el poema dispara en esta lectora- los “ramajes del trayecto” puede que conduzcan al Parque Lezama, último rastro del Barrio del Alto de San Pedro, donde tuvo lugar la también sangrienta “faena” decimonónica de El Matadero, de Esteban Echeverría.
“San Telmo” se constituye en una cartografía amorosa no ya de un espacio sino de los palimpsestos del tiempo porteño, y de las historias que todo sudario esconde detrás de un camino vuelto a recorrer.
Este poema posee el exquisito arrojo de conjurar toda aquella impostura snob y devolver al empedrado de Bolívar la promesa de lo pequeño, río que drena arena; limpia, purifica con su aroma vegetal, especiado, convirtiendo la materia en sendas iluminaciones. La tarde existe porque ella habita en “la luz/de la calle Bolívar”.
Laura (Comment this)